Y de nostalgia. De los ojos de borrego y de las palabras que no escribo. 
Intoxicada de miedo, de hastío -a veces-, del olor a café y de lo que sentí cuando me abrazaron llamándome sol. Intoxicada de obsesiones, de deseos pueriles y de sueños poco probables.

Intoxicada de miedo, de hastío -a veces-, del olor a café y de lo que sentí cuando me abrazaron llamándome sol. Intoxicada de obsesiones, de deseos pueriles y de sueños poco probables.
Intoxicada de Dios cuando miro el mar y de ternura infinita cuando noto con que poco son felices los niños. Intoxicada de recuerdos y de libros, de rostros y ausencias.
Intoxicada de mí, de mi tendencia inherente a la inadaptación, al exilio, a la nostalgia.



