
Me bastan mis recuerdos, y las palabras que atesoro. Me bastan mis canciones y mis letras y la poesía. El techo de mi casa y mi familia –mi bendita familia- con sus excentricidades y su amor “mucho y sin horario”.
Me basta el mucho tiempo trascurrido hasta que me encontraste, y cambiaste mi vida, me basta saber que todo está en manos del mismo Dios que cambia corazones, que hace que el sol se mueva todos los días y el que “cuando pasa por encima de nosotros quedan las nubes pedazos de su aliento”.
Me bastan mis amigos que a pesar de la distancia, el cariño persiste. Me basta mi trabajo y sus compromisos, y las muchas bendiciones recibidas este año y los otros siempre muchas, más de las que merezco. Me basta el amor con el que sueño, con el hombre que aún no he conocido pero sé que existe y que también sueña conmigo.
Me basta así, así como está, así como estoy, si sí es cierto, el futuro asusta, el miedo paraliza, la maldad desconcierta, la muerte aterra. Pero hay esperanza mientras exista amor, actos de amabilidad, sonrisas y abrazos.
Me basta el Dios que me encontró finalmente este año, el que me hizo cantar, bailar y tocar guitarra para él, el que ha cuidado de todos los peligros a mi familia, el que hizo de mis abuelos los mejores del mundo, el que hace de mis padres las personas que más amo, el que hizo de mi hermana mi adoración, de mis primos mi debilidad, de mis tías y tíos la ternura y complicidad, el que me regala el mar, el sol, el agua, los cantos para niños, la planeación didáctica, las calabacitas, y el sentido de vida, de pertenencia.
Sí hubo y sí hay “destino para mis pasos”, junto a mi Dios que liberó al pueblo de Israel, el que rescató a los mineros de Chile y el que sonríe con cada acto de cortesía, en él está la felicidad, paz y el amor que quise experimentar siempre.
Me basta así. Me bastas tú.



