Confesiones 2
Lo de Santiago fue casualidad. Justo cuando pensaba en la pertinencia de no enamorarme, aparece de repente sin más testigo que el viento, sin más arma que la voz.Recuerdo perfecto aquella tarde, me detuve a descansar en medio del parque, miraba hacia un punto específico cuando se sentó a mi lado preguntando -¿qué diablos miras con tanto ahínco?-, absorta en mis pensamientos contesté -todo y nada- y riendo respondió -interesante, me quedo aquí contigo-.
No supe en que momento se metió en mi corazón, ni cuando se convirtió en el hombre que siempre soñé. Probablemente sea por su sonrisa franca, por sus ojos de sol o tal vez sólo sea ese tremendo corazón. Fue un hombre diferente desde el principio, me atrapó en sus redes sutilmente, supo combatir mi egoísmo con su bondad inagotable, mis miedos y renuencias con su valentía y terquedad, mi simbolismo con sus palabras concretas.
Si pudiera definir lo que compartimos, diría que la certeza de no esperar nada. Sí, no se espera nada que se sepa que el otro no pueda dar.
Así que espero de Santiago: la complicidad de los mejores amigos, la compañía bondadosa de aquel que te ama sin condiciones, la libertad de aceptar las excentricidades del otro, pero sobre todo la esperanza perenne de encontrar en sus ojos la naturaleza de nuestro amor.




Excelente...
ResponderEliminarCreo que yo esperaría además de amar mutuamente, el respeto por la libertad del otro, que va más allá de la libertad ésta citada por vós... que también es importante por supesto.
Harto abrazo y mis felicitaciones por rascar y encontrar tantísimo amor... Que valla que es hermoso, en cantidad...!!!...
Aneh!